Proyectado en 1940 como sustituto del B-17 y del B-24, el B-29 era considerado el bombardero más moderno de la II Guerra Mundial. Capaz de soportar altas presiones, sus cuatro motores Wrigth R-3350-23 permitían transportar grandes cargas a lo largo del Pacífico, lo que le convirtió en el candidato ideal para arrojar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki en el final de la contienda. Al término de la misma, los B-29 fueron reutilizados durante unos años para el transporte de combustible, hasta que con el estallido de la guerra de Corea volvieron a entrar en combate.

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    Tu NombreApril 22, 2010